La información se declara una vez, en origen, y a partir de ahí se reutiliza en cada eslabón. Aquí tienes el recorrido completo, paso a paso, con un ejemplo real de carne de ternera.
El proveedor ya declaró el origen, el lote y los alérgenos en su etiqueta. En lugar de volver a teclearlo, haces una foto y EtiQali AI extrae toda la información legal en segundos.
Lo capturado se convierte en una ficha de trazabilidad con su código de lote, generado automáticamente. Nadie lo escribe. A partir de aquí, ese lote es una entidad viva a la que se le irán añadiendo capítulos.
Con la ficha creada, EtiQali genera la etiqueta B2B, el cartel de mostrador y el QR público. Tú solo pones el precio de venta. Todo lo legal —origen, alérgenos, categoría— aparece solo.
El cliente final comprueba el origen con nombre y apellidos. No es un archivo que guardas para una inspección: es una historia que acompaña al producto y genera confianza en el mostrador.
Si quien te suministra ya declaró la información en EtiQali, no fotografías nada: la adoptas y solo añades tu capa. Eso es lo que convierte a EtiQali en infraestructura y no en una app más.